ESCUDOS

Sonó mi alma al creer en mi posibilidad

tan olvidada, tan poco mostrada,

a sesgar esperanzas por costumbre

distorsionaba mi grandeza sin tormentas.

Pero ahora finalizó el goteo constante

aguerridos los escudos de madera rotos,

ayudo únicamente a quien lo desea,

crezco curando mis heridas con saliva.

En hedonismo de ver la felicidad en tus ojos,

el egoísmo de ser importantemente amado,

la banalidad de adorar sin esperar,

la incredulidad de saber la verdad.

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