EL NIÑO QUE SOY

Fui el niño de la bicicleta sin pedales,

un madero atravesado por el abuelo sostenía mis pies,

las veredas se abrían ante mi trepidantes,

el aire, el verano, el olor de los viñedos.

Alpargatas para pisar caminos polvorientos,

su reloj de cadena escondido en el bolsillo,

hoy toca turno de horno y empanados,

no te aburras: ¡ dibuja espirales en el suelo ¡.

Camino detrás de su ataúd, llevo sus flores,

lo esconde sigilosos con cuerdas en la tierra,

con diez años y a diez metros gimoteo,

la vida es dónde nos guarecemos, la muerte es el juego.

Sentado en la “alquitranada” veo pasar la pizarra

en camiones que saludan al ver mi mano alzada,

no he cambiado, sigo sonriendo al mínimo intento,

mis perlas están dentro y yo no las vendo.

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