Un buen consejo

Hacía un par de décadas una monja del internado donde estudió el bachillerato le había dicho bajito, como se duerme a los niños :

“la vida, cocinada con amor es como sale mejor.”

Después vinieron de sopetón, el accidente que se llevo a su hermano, el amigo que se llevo a su mujer, el dinero que se llevo a sus hijos, el juez que se llevo su ideal de justicia, el socio que se llevo el dinero de la empresa, el destino que se llevo el futuro.

Tal vez no había sido el mejor consejo del mundo, pero si era el único que recordaba, tendido en el banco del parque de San Francisco tapado con un cartón la mar de calentito, <<este puto cartón no se lo llevarán>> , pensó, justo antes de que llegaran unos niños de papá a tocarle los reales cojones.

(dedicado a un mendigo que conocí hace ya muchos años y un compañero le regalo sus botas en medio de la noche)

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