Tu mente en mis garras.

RELATO PARTICIPANTE EN EL CONCURSO “Libre Mente” de AGIFES 2016.

El valle se abre a mis pies, asomado al precipicio, no siento vértigo, lo he dejado atrás. Ahora mis pensamientos se centran en volar, en ser libre, en respirar y en sentir. Mis alas se despliegan a mis espaldas como lo hacen las de un pájaro al iniciar el vuelo, me vuelvo poderoso y fuerte, las agito sin pensar con la ayuda de una pequeña descarga eléctrica de una de mis millones de neuronas.

Desde arriba percibo el aire en mi cara, siento mis pulmones pletóricos, sin pensamientos ajenos que me indiquen como respira todo el mundo. Arriba, arriba, más arriba, tan alto como pude para después dejarme caer en picado y volver a retomar altura. Observé como muchos que creen saber volar permanecen andando, allí abajo, en círculos, y como otros que miran por encima de sus esbeltos hombros, no dejan de estar atados a tocar el suelo arrastrando sus pies.

La ciudad llamada Mundo parece ridícula, tantos humanos apiñados unos con otros, se conjeturan el centro de la creación, empeñados en ser mejor que su vecino. Siglos de evolución y todavía no saben vivir.

Girando en círculos busco mi presa de hoy, ¿será aquella señora de mediana edad que espera en la parada del bus?, o ¿aquel banquero trajeado que sale de tomar su segundo café de la mañana?, decido que hoy tú serás el protagonista de mi caza.

Te aferro fuerte con mis garras, sorprendido y asustado cierras los ojos para después gritar durante al menos noventa y nueve segundos, reclamas ayuda pero nadie te quiere oír, hoy eres el elegido, y todos los demás se sienten mejores cuando lo único que tienen es más fortuna, por ahora.

Te coloco sobre mi lomo, para que puedas observar toda tu vida desde las alturas del cielo con nubes, callado te agarras a mi cuello y dejas que te enseñe las miserias de tu vida y los tesoros de tu alma.

El vuelo dura lo que alarga un sueño, pero tu vida, el resto de lo que te queda de ella, ya no será igual, nunca más pensarás como ellos, serás diferente sin más. Juego con la química de tu cerebro, la densidad de aquí y de allá. Te regalo el billete de la montaña rusa en la que estarás montado, diviértete.

Cuando regreses al mundo del resto, te tratarán como solo los seres humanos tratan al que no sigue sus normas, pero yo te he enseñado donde puedes esconder tus armas. Cuando te encierren, te aparten, muéstraselas, úsalas, los bondadosos, los humildes y los gentiles las verán y te ayudarán.

A los que te cuiden, a los que te sanen, cuéntales esta historia, diles que lo único que haces es volar, respirar profundo y ver la vida desde un punto de vista muy alto, casi tan alto como las nubes.

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