Tu puta casa.

Aún con el traje negro de falda y pantalón puesto, tras el funeral y después de haber estrechado mecánicamente muchas manos fue a comprobar como los últimos veinte años apenas habían dejado huellas en la casa de sus padres. La cocina seguía igual, con el mismo papel de violetas en las paredes, y las mil fotos que su madre colocaba como un perfecto mosaico, para verlas mientras cocinaba. Muchas eran de su infancia, su atención se concentró en una de un grupo de niñas posando alegres, tenía prisa, no se paró ni a recordar el nombre de aquellas caras de su pasado.

    Respiró con fuerza, se le estaba empezando a hacer cuesta arriba la visita, tal vez debía haberle dado la razón a Roberto, una inmobiliaria ahorra muchos trámites, incluso los sentimentales.

    Junto con los recuerdos, la vieja casa familiar era lo único que ahora le quedaba, según su ojo empresarial, era un buen negocio, incluso podría comprar otro apartamento en el centro.

    Después de ver cada habitación de una manera fugaz, finalizó la visita con un pequeño vistazo al desván, todo ordenado, impoluto, cerró despacio pero volvió a abrir. ¡Era imposible¡, ¡allí estaba¡, la pequeña caja de latón forrada de dibujos de Roy Lichtenstein. Su padre se la había regalado unos meses antes de ir a la Universidad; un regalo simple y barato pensó de manera egoísta cuando la recibió. “Para que guardes tu vida”, esas fueron exactamente las palabras del “viejo”.

    Al abrirla, lo recordó, había un sobre blanco cerrado, con unos números escritos en el anverso “13-5-1996”; escrita hace veinte años.

    Rompió el sobre con rabia, odiándose a sí misma, odiando a aquella adolescente de ocurrencias locas. Era una carta de ella para ella, como dos desconocidas, la muchacha con mil ilusiones le escribía a la mujer desilusionada.

    Hablaba sobre formas de vida, sobre felicidad, sueños, respeto, conciencia y generosidad; la arrugó y la metió en el bolso, pensando que aquella joven que fue no sabía nada de sus dos separaciones, del estrés, la deslealtad y el egoísmo.

    Cogió la caja y bajo las escaleras hasta el vestíbulo, sin mirar atrás salió de la casa, se giró y tiró con fuerza y decisión del enorme cartel con la leyenda “SE VENDE”; al fin y al cabo nadie como una misma para decirte a la cara que debes recuperar el sentido de tu vida.

Anuncios

Una respuesta a “Tu puta casa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s